POEMA XXVI.
(MADRIGAL)
Eres una conmoción celeste del espacio,
Vienes con todos los designios del fuego.
Engalanas la noche como si fuera tu casa
Y en su interior descendieran los ángeles.
Nadie te culpa, dolor dulce, fruto refulgente.
Tú nunca aceptaste que girara en torbellino,
Atado a tu cintura, igual a un barco perdido.
Tú jamás deseaste que tu sonrisa y tus ojos,
Sometieran mi corazón como a un cervatillo.
domingo, 31 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)